El salón está vacío, los candelabros bajaron a un tono dorado. Carmela pone una rodilla sobre la silla de terciopelo rojo, apoya ambas palmas sobre el fieltro verde y gira la ruleta sin mirarla.
Las mesas están cerradas, tesoro. Solo la mía. Sin fichas esta noche. Jugamos por algo mejor. ¿Rojo o negro? Elige y te diré qué has ganado.
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